El ‘coworking’ como potenciador de cambio

2 marzo 2016

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 marzo 2, 2016
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Hace unas semanas oía que vendría bien “dinamizar” la actividad empresarial en la ciudad. Pero, ¿qué entendemos por dinamizar? Desde luego para mí facilitar la entrada de grandes cadenas comerciales no es dinamizar la ciudad.

No tengo nada en contra de ello, pero resulta muy aburrido encontrar en diferentes ciudades los mismos establecimientos como si todo estuviera estandarizado. “Dinamizar” lo entendería como fomentar la innovación y creatividad dentro de la economía y el comercio local. Muchos empresarios locales ya innovan y se han reinventando a menudo, pero sería beneficioso promover una especie de “ecosistema” que facilite establecer posibles colaboraciones y sinergias entre profesionales de diferentes ámbitos.
En la península, sobre todo en las grandes capitales pero también en muchas ciudades pequeñas, ha habido un importante boom de espacios de “coworking” a raíz de la crisis. Consiste en un espacio de trabajo compartido donde en lugar de alquilar una oficina entera pagas sólo por tener acceso a una mesa y silla (con gastos de luz, agua e internet ya incluidos) por lo que el gasto es mucho más reducido si lo comparamos a alquilar una oficina. Aunque la reducción de costes es un factor importante a tener en cuenta, un auténtico espacio de coworking es mucho más que eso.
El coworking no sólo consiste en compartir espacio de trabajo, también es un lugar donde ampliar tu red de contactos profesionales, donde los coworkers (personas trabajando dentro del espacio) se apoyan mutuamente, donde hay un intercambio de conocimiento que da lugar a sinergias y existe la posibilidad de que nazcan proyectos desde ese espacio. También suelen ser lugares donde se imparten diferentes charlas, cursos y talleres a lo largo todo el año. En definitiva, se trata de generar una comunidad tanto dentro como fuera del espacio, fomentando un aprendizaje continuo y sobre todo fortaleciendo la confianza entre las personas.
Por todo ello, el coworking no es simplemente un espacio que comparten diferentes profesionales únicamente para ahorrar costes. Existen oficinas que, aprovechando la creciente popularidad de los coworking, se han transformado en espacios donde alquilar mesas y han puesto el letrero de “coworking” afuera. 
Pero en un coworking no sólo se alquilan mesas y tampoco es un centro de negocios como los que ya existían antes. El verdadero valor del coworking está en lo intangible: en los nuevos contactos, en generar confianza, en estimular el talento y en las sinergias que generan cuando es gestionado adecuadamente.
Existen diferentes tipos de espacios de coworking. En muchos pueden haber una gran diversidad de profesionales: abogados, arquitectos, periodistas, informáticos, diseñadores, fotógrafos, asesores, y un largo etcétera. También podemos encontrar espacios de coworking más enfocados en ciertos sectores. Algunos se orientan más al emprendimiento, a la informática y desarrollo de apps, otros al emprendimiento social, los hay más enfocados a la cultura y también al coaching. Pero en la mayoría hay una comunidad diversa de profesionales, con diferentes habilidades y talentos.
Estos espacios están abiertos a profesionales de todas las edades, aunque es verdad que suele abundar la gente joven. Quizás sea porque el coworking supone un importante cambio cultural en la forma de trabajar que suele apelar más a los jóvenes. A veces también se tratan de potenciar los enlaces entre las universidades y los centros de coworking, con el objetivo de facilitar un entorno apropiado para que los jóvenes emprendan mientras siguen formándose.
No es fácil que la simple actividad de coworking en sí sea un buen negocio, existen unos gastos fijos todos los meses y la cantidad de mesas y sillas a alquilar es limitada. Sin embargo, puede ser un importante trampolín para impulsar proyectos y carreras profesionales de muchas personas. 
En una encuesta a diferentes coworkers, la inmensa mayoría asegura que la experiencia le ha permitido crecer mucho tanto profesionalmente como personalmente. Se trata de una actividad cuyos beneficios sociales y económicos a largo plazo van mucho más allá.

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