El coworking se reinventa y le gana al trabajo desde casa

4 junio 2017

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 junio 4, 2017
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El coworking se reinventa y le gana al trabajo desde casa

Espacios como el del flamante edificio de WeWork, a dos cuadras de la plaza San Martín, cautivan a empresas y freelancers por igual

LA NACION

Sábado 03 de junio de 2017
El piso 24 de la torre Bellini ofrece la imagen más explícita de lo que es el coworking
El piso 24 de la torre Bellini ofrece la imagen más explícita de lo que es el coworking. Foto: PAULA SALISCHIKER
 El arrollador avance del coworking, ese modelo de organización del espacio laboral que reúne en un mismo ámbito a empleados de distintas empresas, da por tierra con décadas de un pensamiento errado: que el home office era el mejor remedio contra la desmotivación.

Al menos eso es lo que plantea Patricio Fuks, gerente regional para América Latina de WeWork, unaplataforma de trabajo colaborativo que este mes abrió su primer edificio en el microcentro porteño: “Nadie se quiere quedar en su casa trabajando todo el día -dice-. Uno quiere salir, interacturar con otras personas”.

Fuks respalda su afirmación con datos: ya son más de 120.000 los usuarios/miembros de WeWork en todo el mundo, y la proyección es llegar a 200.000 a fin de año. “Lo más importante es que este modelo amplía el horizonte de trabajo. Hay un estudio que muestra que el 50% de todos los miembros de WeWork en algún momento hicieron negocios entre ellos”, agrega.

Esta plataforma de trabajo colaborativa no sólo implica un espacio real en común, sino también un espacio virtual compartido, ya que cuenta con una app que sirve para gestionar los distintos servicios que forman parte del entorno laboral (desde reservar una sala de reuniones hasta confirmar la participación en alguna actividad comunitaria), pero que también construye una comunidad virtual que se vincula a través de un chat interno donde los miembros postean e interactúan entre sí desde los 140 edificios de WeWork distribuidos en 44 ciudades de 14 países.

En cierta forma, la membresía de WeWork es comparable con la de un gimnasio: se paga una cuota mensual (existen de distintos valores, en función de los servicios: desde cochera hasta disponer de oficinas de WeWork en otros países en caso de viaje) que habilita a hacer uso de un hot desk (escritorio, no siempre el mismo, en una de las áreas comunes), un “escritorio dedicado” (siempre el mismo escritorio) o una oficina privada. Y eso es válido tanto para un freelancer como para una gran compañía.

Adaptado a las necesidades

Oficinas abiertas, salas de reunión vidriadas, juegos intercalados en el espacio de trabajo: la imagen de un entorno laboral que rompía con la organización rígida tradicional que popularizó hace unos pocos años Google, se reproduce en los ámbitos de coworking de una forma aún más flexible, adaptable, en función de las necesidades de cada empresa, sea esta unipersonal o tenga la talla de una megacorporación de escala global.

Juan Pablo Lafosse, CEO de Almundo.com, que mudó 300 de sus empleados a los pisos 21, 22 y 23 de la torre Bellini, coincide: “Para una empresa con un crecimiento muy fuerte como Almundo.com es fundamental saber que, si este mes queremos incorporar 30 personas y 20 el mes siguiente, vamos a encontrar rápidamente el lugar de trabajo necesario, lo que no sucede en cualquier edificio de oficinas tradicional”, cuenta Lafosse, cuya empresa analiza actualmente la posibilidad de tomar pronto medio piso más en WeWork.

La experiencia, agrega, es increíble: “Nuestra mudanza fue la mudanza más sencilla de la historia. Pusimos las cosas en cajas y agarramos las computadoras, y el edificio nos esperaba preparado con todo lo demás. Sólo tuvimos que enchufar las computadoras y listo. Incluso previo a nuestra mudanza, WeWork organizó nuestro espacio en función de las necesidades: pedimos que generaran espacios de trabajos adaptados a nuestros equipos que suelen ser pequeños, de seis o siete personas.”

Al mismo tiempo, concluye, “el ambiente de trabajo es muy colaborativo, y eso está en sintonía con la cultura de nuestra compañía. Todos los que se mudaron están mucho más contentos”.

Fuera de horario

Para quienes quieren darse una idea del entorno de trabajo que propone el coworking, basta asomarse al lobby que se encuentra en la planta baja de la torre Bellini, que ofrece un anticipo de lo que hay en sus 25 pisos: sobre una de sus paredes hay una palestra, siempre lista para quien tenga ganas de escalar.

Pero conviene subir al piso 24 para internarse ya en el más emblemático espacio de trabajo del edificio. Vidriado en dos de sus tres paredes, ofrece una de las mejores vistas panorámicas de Buenos Aires: a izquierda, plaza San Martín, Retiro y el río; a la derecha, el Luna Park, Puerto Madero y, de nuevo, el río. En el centro de este piso sin divisiones, una isla donde se sirve (gratis) café, aguas saborizadas y, después de las cuatro de la tarde, cerveza; a su alrededor, mesas largas unas, otras redondas, ocupadas por personas de distintas empresas, cada una con su notebook. A un costado, una impresora; en otro, una mesa de ping pong; y en otro, cabinas para hablar por teléfono y un office con heladera y otros implementos útiles a la hora del almuerzo o la cena.

El resto de los pisos ofrece espacios de distintas dimensiones: salas de reuniones para un número variable de personas, y lo mismo puede decirse de los distintos espacios de trabajo. Además, es pet friendly: los empleados pueden concurrir a su día laboral con sus mascotas, respetando por supuesto ciertas reglas de limpieza y conducta. La clave, insiste Fuks, es fomentar la interacción: “Las personas se cruzan, juegan al ping pong, asisten a una charla o alguna otra actividad de las que organizamos, se conocen, empiezan a charlar, te vas haciendo amigos, clientes. Todo apunta a ampliar tu horizonte laboral”, afirma.

“Vivir la experiencia WeWork no es simplemente ir a trabajar -opina Daniela Cicijovuk, de 29 años-. Durante seis meses trabajé para un real estate developer en el WeWork de NoMad en Nueva York. Apenas llegué no entendía dónde estaba. Las puertas del ascensor se abrían y en cada piso una sorpresa: un metegol, una mesa de ping pong, sillones supercómodos. Alquilar tu oficina es simplemente el puntapié de toda una experiencia de innovación, comunicación y relacionamiento. Todas las personas que trabajan ahí, sean freelancers, start ups, medianas o grandes compañías, están en constante contacto”.

Un dato no menor que señala Fuks, es que es muy frecuente que la gente se quede en WeWork más allá de su horario de trabajo. “A veces son las 20 o las 21, y hay gente reunida, tomando cerveza, charlando; si hay un evento en la terraza, se juntan ahí. Algo que observamos es que las personas se quedan más tiempo en este tipo de espacio de trabajo que en una oficina tradicional”, cuenta.

Ahora bien; ese tiempo que permanecen por fuera del horario de oficina, pero no trabajando, ¿es productivo para la empresa? “Si el networking es productivo, entonces te tengo que responder que sí. Porque en ese horario, lo que se hace más que nada es justamente eso”.

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