Montevideo, primera etapa de un año de gira de teletrabajadores de 14 países

29 febrero 2016

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teletrabajadores de 14 paises

Agencia EFE – sáb, 27 feb 2016 17:12 CET

La ilustradora estadounidense Lauren Hom, una de los integrantes de la iniciativa “Remote Year”, habla en entrevista con Efe este martes 23 de febrero de 2016 del espacio de “coworking” Sinergia, donde trabajan los 75 integrantes del grupo durante su estadía en Montevideo (Uruguay).

La ilustradora estadounidense Lauren Hom, una de los integrantes de la iniciativa “Remote Year”, …

Montevideo, 27 feb (EFE).- Un grupo de 75 jóvenes teletrabajadores de 14 nacionalidades distintas y de profesiones variadas comenzó en Montevideo la experiencia “Remote Year”, una gira que en 2016 los llevará a vivir y trabajar en 12 ciudades de cinco continentes, una por cada mes del año.

Así lo explicaron a Efe algunos de los participantes de “Battuta”, como se denomina el grupo que en 2016 trabajará de manera remota en espacios de “coworking” (zonas de trabajo compartidas) en cada una de las ciudades en las que buscarán conjugar la flexibilidad del teletrabajo con el enriquecimiento cultural a través del viaje.

Es que además de la capital uruguaya, los 75 jóvenes -la edad promedio es de 29 años- trabajarán y vivirán hasta enero de 2017 en Buenos Aires, La Paz (Bolivia), Cuzco (Perú), Estambul, Praga, Belgrado, Cavat (Croacia), Kuala Lumpur, Koh Phangan (Tailandia), Phnom Penh y Ho Chi Minh.

Este grupo de “nómadas digitales”, como se define Ricardo Salazar, uno de los integrantes de “Battuta”, desafía la idea de que para trabajar “seriamente” se deba permanecer en una oficina durante ocho horas.

Se trata de “realmente hacer tu trabajo, encontrar tu estabilidad mental y temporal para realizarlo. Me parece una forma de ser profesional seriamente y a la vez tener una vida que te llene tanto que no necesites tomar vacaciones”, explicó este español de origen boliviano, que antes de emprender viaje residía en Alemania.

“El concepto de nómada digital es básicamente el de un trabajador por cuenta propia pero llevado un paso más allá. Ya que no trabajo en una oficina, ¿por qué no trabajo en otro país o ciudad?”, ejemplificó.

Este desarrollador de aplicaciones móviles se enteró a través de un anuncio en Facebook de la iniciativa y no dudó en inscribirse para dar “el paso definitivo” hacia el nomadismo digital.

La mayoría de los participantes -51 de 75- residía establemente en los Estados Unidos, y todos provienen de disciplinas tan variopintas como las tecnologías de la información (20), la mercadotecnia (11), el diseño (11), las finanzas, las ventas y el ámbito empresarial (6 cada una), entre otras.

La diversidad de trasfondos, lejos de ser un obstáculo para la integración del equipo, es uno de los principales atractivos para quienes forman parte de esta experiencia laboral internacional, a la que pudieron acceder tras un riguroso proceso de selección y el pago de 27.000 dólares, monto que cubre transporte, alojamiento, algunos paseos y alquiler del espacio de trabajo.

Para Kendall Reed, una especialista en mercadotecnia de Atlanta (Estados Unidos), se trata sin dudas de un contexto “inspirador”.

“Te lleva a ver las cosas de distintas maneras. Mis colegas tienen habilidades distintas que yo no tengo. (…) Es inspirador cuando aprendo más y más. Me hace querer establecer una colaboración y creo que es un ambiente estupendo para estar trabajando”, expresó.

No todos los 75 integrantes de “Battuta” trabajan por su cuenta, sino que algunos, como Reed, tomaron la decisión de partir en este periplo con el beneplácito de sus empleadores, en su caso de la corporación NCR, una multinacional del área de la tecnología aplicada a las finanzas con presencia en nueve de las doce ciudades que serán visitadas.

“En mi compañía me alentaron a participar. Encontraron que el programa era recíprocamente beneficioso. Consideraron que podía crecer personalmente, en liderazgo y comunicación, vieron que podía trabajar en campo y obtener ‘feedback’ de nuestros clientes”, indicó.

Al trascender las fronteras físicas, los jóvenes participantes no temen a las barreras culturales, sino que las ven como una oportunidad para expandir sus horizontes y tener una comprensión más completa del mundo.

“Seguramente ayude a abrir mi mente y me vuelva más empática, más amable, simplemente más. Ya soy bastante tolerante, pero quiero comprender más los estilos de vida y las visiones distintas, y (el viaje) me expondrá a más cosas en el largo plazo, así que me volveré una persona con más comprensión del mundo”, expresó por su parte Lauren Hom, una ilustradora de Nueva York.

Entre las distancias en constante cambio y las diferencias horarias -algunos tienen que levantarse a las 4 de la mañana para poder contactar a sus clientes-, los participantes abrazan el cambio y las particularidades de los lugares que visitarán, que seguramente dejen una marca en su historia.

“No estoy muy seguro de lo que sucederá después, pero soy receptivo y estoy abierto a dejar que pase lo que tenga que pasar en este viaje”, concluyó Ben Schmidtke, un desarrollador de software de Chicago.

Hasta que la cohorte parta hacia Buenos Aires, seguirán disfrutando de trabajar en pleno verano montevideano, de la comida, de la arquitectura y los detalles de una ciudad en la que algunos, como Hom, encuentran la inspiración necesaria para su trabajo.

Juan Ignacio Mazzoni

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